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A. MARTÍNEZ MENGUAL: IMÁGENES PARA LA REALIDAD Y EL DESEO

En el otoño del 2002 Martínez Mengual nos ofreció desde el espacio de la sala Luis Garay un complejo trabajo, titulado Donde la espuma sueña, nacido a la luz de la obra del poeta Luis Cernuda. En su momento dimos cuenta de tan importante acontecimiento artístico; hoy queremos recordarlo y posibilitar su contemplación a nuevos espectadores desde las páginas de La rosa profunda.

En la tradición teórico-estética occidental, poesía y pintura han sido dos actividades consideradas en íntima relación. La propuesta aristotélica las contempla como dos posibilidades de llevar a cabo un proceso de mímesis que difieren en el medio de imitación pero que responden a una misma actividad de poiêsis. Horacio en el hexámetro 361 (Ut pictura, poiesis...) de la Epístola a los Pisones ofreció un texto de larga y conflictiva exégesis crítica. Es necesario esperar hasta el siglo XVIII para que G. E. Lessing en su Laoconte, de los límites entre la poesía y la pintura (1766) pusiera fin al debate sobre el paralelismo de las artes estableciendo el carácter específico de cada modo de expresión y concediendo a la pintura el privilegio desmesurado de ser la única capaz de acceder a la belleza absoluta. No obstante en los siglos XIX y XX la idea de una relación entre las artes volverá a aparecer. T. W Adorno piensa que la convergencia de las artes constituye la característica fundamental del arte moderno que se desarrolla en la primera mitad de la pasada centuria. Incluso el conflictivo tópico horaciano se invierte en la propuesta defendida por A. García Berrio y T. Hernández Fernández (Ut poesis pitura. Poética del arte visual), quienes explican la obra pictórica desde una teoría semiótica del discurso poético; sus autores consideran que no es una propuesta absolutamente novedosa dado que existen claros antecedentes en el Renacimiento en que las operaciones retóricas de inventio, dispositio y elocutio se transfieren a tratados italianos sobre la pintura con las denominaciones de invención , diseño y colorido.


EL AMANTE I Óleo/Lienzo 24x33 cm.


En otro orden de cosas, un texto literario concreto puede dar lugar a una obra plástica mediante el proceso denominado ilustración; sin embargo, la actividad llevada a cabo por Martínez Mengual no ha sido la de ilustrar pasajes de la obra cernudiana sino la de actuar como receptor mediante una operación de lectura hasta convertir el mundo imaginario poético en material susceptible de ser transformado en mensajes artístico-plásticos. La primera parte del proceso ha sido descrita minuciosamente por W. Iser: "Al leer un texto literario debemos formar siempre imágenes mentales o representaciones, porque los aspectos esquemáticos del texto se limitan a hacemos saber en qué condiciones debe ser construido el objeto imaginario. Son las implicaciones no manifiestas lingüísticamente en el texto, así como sus indeterminaciones y vacíos los que movilizan la imaginación para producir el objeto imaginario como correlato de la conciencia representativa"; por tanto, el lugar de la obra de arte literario es la convergencia de texto y lector (disposición individual, contenidos de conciencia, historia de sus experiencias, etc.) hasta conseguir una configuración significativa. La visión imaginaria no es una visión óptica sino el intento de representar lo que no se puede ver; por tanto, lo que conseguimos es una representación, no una percepción. Son precisamente esas representaciones las que han constituido el acceso al mundo a partir del cual Martínez Mengual ha llevado a cabo un proceso de interpretación/expresión, con la dificultad añadida de cambio de código, pero con el incentivo, antes y después, de moverse en un universo de imágenes. Octavio Paz define el poema como "lenguaje en tensión". La imagen poética es capaz de contener una pluralidad de significados ("recoge y exalta todos los valores de las palabras, sin excluir los significados primarios y secundarios… no es ni un contrasentido ni un sin sentido"). La lectura que ejecuta Martínez Mengual no se limita a descodificar un texto con el consiguiente placer estético, sino que lucha por fijar en formas plásticas las representaciones polisémicas que emergen del poema. Esta actividad se plasma en los numerosos apuntes que quedan en su estudio y que fueron la primera reacción a la provocación del texto; el carboncillo sobre el blanco del papel es la respuesta urgente, pero eficacísima, frente a un sentido que se escapa y que, de no ser codificado con el lenguaje plástico, no volvería a ser recuperado. Su labor creativa no supone una visualización de los valores sémicos obtenidos de las diferentes lecturas sino que a partir de ellos y con un sentido dinámico de la dispositio los ha ido ensamblando hasta conseguir obras en que lo uno y lo diverso se armonizan y dan lugar a un objeto artístico nuevo capaz de seguir su propia andadura ya independiente del mundo literario que lo provocó.

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