EL AMANTE II Óleo/Lienzo 24x33 cm..jpg
Martínez Mengual se ha servido en este
trabajo, que tan acertadamente ha titulado Donde la espuma
sueña, de tres temas cernudianos: los árboles,
el mar y el cuerpo masculino. La elección no ha sido
arbitraria ni ha estado supeditada a otros intereses que no
hayan sido los de presentar rasgos fundamentales del quehacer
poético del autor de La realidad y el deseo.
En Invocaciones escrito entre 1934-1935
encontramos un poema con ecos becquerianos que contiene, a modo
de síntesis, los temas que aparecen en interpretación
pictórica en la obra que se muestra en la Sala Luis Garay:
Un suspiro no es nada,
Como tampoco es nada
El viento entre los chopos,
la bruma sobre el mar
O ese impulso que guía
un cuerpo hacia otro cuerpo.
Martínez Mengual se ha atrevido con un tema difícil
pero de larga tradición: el desnudo, en este caso el
desnudo masculino. K. Clark considera que el desnudo en Occidente
no era un sujeto sino una forma de arte inventada
por los griegos en el siglo V antes de J.C. En el mundo heleno
se manifiesta bajo el paradigma de un método antropomórfico
relacionado con las proporciones objetivas pero sin predeterminar
su reproducción técnica; conjunción armónica
de los elementos y no reunión mecánica es a lo
que aspira Policleto. El Renacimiento italiano restaura la teoría
antigua de las proporciones del cuerpo humano que son consideradas
como una encarnación visible de la armonía musical
y de los astros. Con Rembrandt se lleva a cabo la verdadera
ruptura con el ideal formal rechazando los convencionalismos.
Dos cuadros de 1907, Desnudo azul de Matisse y Las
señoritas de Aviñon de Picasso, consagran
una definitiva ruptura con el pasado abandonando todos los cánones
del academicismo y del impresionismo.