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LA VISA MÚLTIPLE COMO IDENTIDAD
EN LA NARRATIVA PERUANA CONTEMPORANEA

El propósito de esta conferencia es formular en alta voz algunas reflexiones más literarias que filológicas y más humorísticas que sociológicas, sobre uno de los valores extra-literarios más apreciados en las obras literarias del Perú. A saber, su presunta misión o capacidad para interpretar, definir o acrisolar la identidad peruana. El crítico Antonio Cornejo Polar lo resumía así: “La revelación y crítica de la realidad del país ha sido y sigue siendo una tenaz obsesión de la narrativa peruana desde, por lo menos, el siglo pasado. Como es evidente, tales funciones implican, a veces de manera soterrada o tangencial, la construcción de una imagen y de un proyecto de nación(1)”.

Aunque no descarto que algunos narradores peruanos escriban poseídos por la honesta y legítima ambición de fraguar una obra que dilucide totalmente al Perú y explique de una vez por todas qué es, cómo es y dónde vive; pienso que la “revelación y crítica de la realidad del país” no es precisamente una obsesión de los narradores, sino más bien de los críticos, filólogos, periodistas y estudiosos varios de la realidad peruana.

Durante mis años de estudiante universitario aprendí que la literatura peruana comenzaba con Vallejo y que todos los autores anteriores eran calificados como «coloniales», con la honrosa excepción del indio ladino Felipe Guamán Poma de Ayala, cuya Nueva Corónica era considerada el paradigma de la «visión de los vencidos» y de la literatura andina, en oposición a los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, mestizo hispanófilo que vivió, escribió y murió en Andalucía. ¿Sería menos andina la Nueva Corónica si llegara a demostrarse que Guamán Poma no era el indio quechuahablante que todos creíamos, sino el jesuita criollo Blas Valera? (2) Personalmente pienso que no, porque sus credenciales andinas son evidentes. Lo que ya no sería admisible, es su condición de cimiento de la identidad peruana.

En realidad, el concepto de «identidad» aplicado a la historia de la literatura peruana cumple una función canónica, pues a partir de ciertas nociones preconcebidas de lo «peruano», lo «andino» y lo «nacional», consagra las obras y autores que deberían perdurar dentro del canon. Así, para muchos críticos existen autores más peruanos que otros, e incluso autores que ni siquiera tendrían que ser considerados peruanos. El caso de Vargas Llosa es el más representativo, pues se podría hacer un inventario muy prolijo de estudios y ensayos dedicados a demostrar que las novelas y narraciones de Vargas Llosa no deberían formar parte de la literatura peruana porque su público es internacional, porque la recepción peruana de sus obras es periférica, porque no es andina o simplemente porque no contribuye a definir la identidad peruana.

Y aquí entro yo con mi circunstancia -como decía Ortega- porque mi narrativa no es andina, mis libros apenas llegan al Perú y no niego que también me gustaría tener un público internacional. Por lo tanto, aunque les dijera que en mis narraciones refulge nevada y precolombina la telúrica identidad peruana, teniendo un apellido japonés y viviendo en Sevilla, no espero que me crean en Londres. Por eso he venido a hablarles de identidades, visados y pasaportes, que al final es lo único que cuenta cada vez que uno viaja para hablar de literatura.

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