| Antes de intentar un esbozo genérico
de algunos de los cambios sociales contemporáneos, creo
pertinente definir lo que se ha venido llamando la condición
postmoderna, a la cual se aludirá continuamente a
lo largo de estas páginas, y para ello me remito a Lyotard
en La condición
postmoderna(1)
: Se tiene por postmoderna la incredulidad con respecto a
los metarrelatos. Ésta es, sin duda, un efecto del progreso
de las ciencias; pero ese progreso, a su vez, lo presupone (…).
Así la sociedad que viene parte menos de una antropología
newtoniana (como el estructuralismo o la teoría de sistemas)
y más de una pragmática de las partículas
lingüísticas(2)
. Más adelante Lyotard hablará de la descomposición
de los Grandes Relatos y como consecuencia de ello la aparición
de una de las condiciones más determinantes de la postmodernidad,
que es el paso de las colectividades sociales (fruto de esos Grandes
Relatos) al estado de una masa social compuesta de átomos
individuales. Estos átomos individuales que componen la
masa social se ven remitidos a sí mismos y conscientes
de que ese sí mismo es poco o nada dentro de una
ingente masa hecha de pequeñas partículas incomunicadas
entre ellas, en una especie de monadismo global en el cual toda
clase de lazo social ha sido cuestionado y aniquilado. Una de
las consecuencias de esta orfandad de lazos sociales la podemos
ver en los porcentajes crecientes de abstención en las
elecciones nacionales, en las que los ciudadanos no le ven mucho
sentido a la democracia representativa, y niegan tener ninguna
relación con la vida pública prefiriendo retirarse
a preocupaciones privadas. Esta especie de ausencia de responsabilidad
con aquello que nos representa y que, por tanto, nos pertenece,
pero que sin embargo la sentimos como si no fuera nuestra, propia
e individual, sino de los otros, es uno de los rasgos más
relevantes de nuestros días: teniendo en cuenta el
estado de la ciencia, un hombre no está hecho más
que de lo que se le dice que es o de lo que se hace con lo que
es (…). Es un mundo en el cual los acontecimientos vividos
se han vuelto independientes del hombre (…). Es un mundo
del porvenir, el mundo de lo que sucede sin que eso suceda a nadie,
y sin que nadie sea responsable(3)
. El estado de la ciencia al que alude Bouvresse, y que Lyotard
llama La ciencia posmoderna como investigación de inestabilidades
supone una de las influencias más fuertes de esta condición
postmoderna del ser humano, pues desaparece el rasgo que distingue
las ciencias de la naturaleza de las ciencias humanas: en matemáticas
comienza a cuestionarse la medida precisa y la previsión
de comportamientos. Lyotard alude a las teorías de René
Thom, el cual interroga directamente la noción de sistema
estable que se presuponía en el determinismo laplaciano,
y surge así su teoría llamada de las catástrofes:
Thom establece el lenguaje matemático que permite describir
el modo en que las discontinuidades pueden producirse formalmente
en sistemas determinados y dar lugar a formas inesperadas: ese
lenguaje constituye la llamada teoría de las catástrofes(4).
Después de hacer un breve recorrido por las teorías
científicas contemporáneas, mecánica cuántica
y física atómica, y evidenciar que todas ellas remiten
a un sistema de inestabilidades, Lyotard concluye el capítulo:
La idea que se saca de estas investigaciones es que la preeminencia
de la función continua derivada como paradigma del conocimiento
y de la previsión está camino de desaparecer. La
ciencia postmoderna hace la teoría de su propia evolución
como discontinua, catastrófica, no rectificable, paradójica.
Cambia el sentido de la palabra saber, y dice cómo puede
tener lugar ese cambio. Produce, no lo conocido, sino lo desconocido.
Y sugiere un modelo de legitimación que en absoluto es
el mejor de la mejor actuación, sino el de la diferencia
comprendida como paralogía.(5)
|
retroceder |
Página 1 de 2 |
avanzar |
|
|