| L.G.- ¿Se considera
antes escritor o periodista?
J.J.L.- No hay un antes ni
un después, lo uno es una profesión, lo otro una
elección. Escribir es algo gratuito, hacer periodismo es
cumplir con la obligación profesional. Como sería
estar en el despacho o en la gasolinera, si el escritor fuera
notario o estuviera empleado en una estación de gasolina,
como lo estuvo Faulkner.
L.G.- Ha cultivado la poesía
(Elegías menores…), la novela (Los lobeznos, El Viaje
de Jonás…), las memorias (La luz de una candela…)
y el ensayo (Fray Luis de León, Pecado, poder y sociedad
en la historia…) ¿En qué género se
ha encontrado más a gusto?
J.J.L.- No es cuestión
de encontrarse a gusto. Si uno se propone contar una historia,
tendrá que narrar; si hacer un estudio o desarrollar unas
ideas, tendrá que escribir un ensayo o un artículo,
y la poesía se presenta como un fulgor, se cae de las manos
como decía el maestro fray Luis de León; así
que no se decide hacer esto o lo otro. No se escoge, y no resulta
ni más fácil ni más difícil hacer
lo uno o lo otro; o se sale o no se sale. Si no sale, se deja,
y en paz.
L.G.- ¿Cómo es su relación
con la lengua española?
J.J.L.- Seguramente como la
de usted y la de todos los hombres con respecto a su propia lengua.
Pero el lenguaje tiene dos dimensiones, por decirlo así,
la una meramente comunicativa, o de lenguaje ahí.a.la.mano,
y la otra simbólica, adámica, que trata de nombrar
la realidad en todas sus sonoridades interiores. El lenguaje de
los afectos, de las esperanzas y las alegrías, o de las
confidencias no es el mismo que el lenguaje instrumental o comunicativo,
y se supone, por principio, que el lenguaje literario no es meramente
comunicativo.
L.G.- Un hombre en raya (por citar un
ejemplo) fue calificada por algunos críticos como de “extraordinaria
novela, breve pero intensa”. ¿A qué cree que
es debido el que no haya conseguido ser un autor de masas?
J.J.L.- No creo que mi escritura
contenga, ni remotamente, ninguno de los ingredientes normales
para atraer a las masas lectoras. Sería bastante necio
si pretendiera ser un autor para esas masas: No tengo nada contra
los que lo son; simplemente no es lo mío.
L.G.- En Teorema de Pitágoras
(Seix Barral) ya avanzaba muchos de los problemas de la actualidad
(xenofobia, violencia, drogas…). ¿Cree como entonces,
cuando la publicó, que aún hay sitio para la esperanza?
J.J.L.- ¿Cómo
no va a haber sitio para la esperanza? Este mundo tiene sus noches,
siempre las tuvo, y siempre salió de ellas. Con heridas,
desde luego; pero salió. Lo importante es querer salir,
pero, desde luego, no saldrá mientras no haya un ethos
social, un ámbito cultural en el que al hombre sólo
se le considere en su propia dignidad y gloria de ser hombre.
Y me permita serlo a mí, porque sin el otro diferente yo
no podré serlo. Y esto no es una cuestión ética
fundamental, la convicción no ya sólo intelectual,
sino cosida a los sentimientos y a la carne de que es tan valioso
lo que a otro hombre me une porque los dos somos hombres, que
las diferencias, por difíciles de aceptar que pueden ser,
no tienen la misma importancia. Él me soporta a mi y yo
a él en nuestras diferencias. Esto es la tolerancia, un
mínimo de civilidad.
L.G.- Participó activamente en
la puesta en marcha del proyecto Las Edades del Hombre. ¿Qué
valoración general hace de su aportación?
J.J.L- Mi aportación
fue al proyecto de un amigo, José Velicia, que murió
ya. Nunca quisimos otra cosa que mostrar cosas hermosas. Si se
logró, ya no hay nada que comentar.
L.G.- ¿Qué está
escribiendo actualmente José Jiménez Lozano?
J.J.L.- Estoy re-escribiendo.
Es decir dando otra vuelta a cosas que dormían, mientras
poco a poco va avanzando otra narración.
por Luis García
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