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II) A REGINA OLSEN (1843)

"El caballero de la fe tiene una clara conciencia de
la imposibilidad; por lo tanto, sólo le puede salvar el
absurdo, y lo aprehende por medio de la fe. De modo
que reconoce la imposibilidad y, al mismo tiempo,
cree en el absurdo."
(Sören KIERKEGAARD)


Regina amada:
dos años con su número de días.
Setecientos días con su cifra de ocasos
y amaneceres han transcurrido,
y de mi estancia sobre la ausencia
donde me asisto
se escuchan voces que comparecen
por la arrogancia de no atreverse.
¿Qué haré, si sólo yo permanezco
tras los embates y acometidas
de estas paredes que así construyen
mi nueva fe?

Fui desbrozando
nuestro profundo conocimiento
y en él sostuve yermos escudos,
vanas banderas deshilvanadas
que no ofrecían ni proclamaban
mi nueva fe.

Ante la obra que veo escrita
sólo recuerdo mis sensaciones adormecidas:
el gran patriarca siempre admirable
que en frías noches reconociera
mi desconsuelo por no atreverme,
y la sorpresa del hijo atento
y, sobre todo, la heroica fuerza
que se elevaba, y la vigilia
que se ofrecía por ser un acto,
con un aliento desconocido, pero esperado.

Mas esas noches
que transmutaron en mis desvelos
viejos temblores,
no sobreviven a su misterio,
y en su promesa se manifiesta
ya consumada nuestra amenaza:
te desvaneces
cuerpo presente de enamorada
que respiraras sobre mi pecho
y entronizaras mi nueva fe.


Y, sin embargo, cumple un destino
la hiel bebida. Cumplen los días
su fiel dictado,
y en la absoluta y robusta ausencia
donde me asisto
pienso en las horas que han transcurrido,
y tu distancia se hace presente
en el recuerdo de aquel trayecto
-viaje de pasos apasionados-
y en la conciencia que te inmolara
para tenerte
tras setecientos días sin fe.

Vicente Cervera Salinas

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