como publicar


TODAS LAS NOCHES, NERUDA
(Glosa)


Llegamos a ese secreto, ambos.
Rotos por la distancia, por el anhelo,
señalas el horizonte aguado y me susurras al oído:
“hemos perdido aun este crepúsculo”.

Suspiras. Mi corazón de rama se yergue,
bailarín, todo trueno, abre sus labios de fruto
y recuerda.
Recuerdo... que nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

¿Nadie? Quizás el silencio.
Esa reserva que me queda,
el refugio donde un día volveré,
aunque ya marchitos los brazos,
extinta la carne, perdida tú.
Allí, en la oscuridad, con mi sangre,
yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Mi alma impregnada de ti,
de tus furtivos besos,
de la mano que siempre se tiende con recelo.
Allí, mientras mis ojos aún dorados del fucsia de tus labios
se negaban a vender tu imagen, yo te recordaba.
Entonces, ¿dónde estabas?

Seguro volviste a tu vida, a tu casa,
a la celda segura de la rutina,
a cerrar los ojos, las manos, el alma.
Y, ¿entre qué gentes?
Pobre cáscara reseca,
mecánicas quejas, escondiendo
ya para siempre la voz verdadera.
Allí, en la oscuridad, con mi sangre,
te imagino, me fundo en lo oscuro
dibujando tu cuerpo, tu lengua caliente que habla,
pero, ¿diciendo qué palabras?

Un estallido que me sobreviene,
estelas de la eterna ausencia,
así me dejas, en una tarde sin mañana,
en la espera absurda del amante,
tu ausencia convertida en una selva.
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Ya la noche me azuza con sus largos colmillos de pena,
mis lágrimas borran acaso o seguro mis palabras,
pero no las tuyas, poesía.
Inmortal, agresora y agredida, inicua,
asesina, reposo del alma errante...vida.
Siempre te persigo, desde mi cama
o mi ventana. Una vez me diste la mano,
y aunque quiero cercarte, hacerte mía,
siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Arenas

relatos
retroceder
Página 2 de 2