La noche duerme contigo,
contigo duerme soñando
la noche de este invierno.
Y aún no has despertado.
Contigo asoman los sueños
en un dormir extraño,
se altera lo conocido,
se destroza el retrato.
Contigo el mundo cambia,
cada hora crea otra
más deprisa, más despacio
todo crece gota a gota.
Hasta que por un segundo,
conducido por el río,
habrá de caer en la mar
tu cuerpo, el no latido.
Y ya la muerte será
el último suspiro:
¿y adónde, y qué sombra,
y qué soplo te ha detenido?
No saber si vencerá
al aire el alma rota
acaso en otra tierra.
Pero eso, ya no importa.
Si esta tierra aún te habla
y soñar sigue doliendo,
aunque atroz hierva la sangre
te obligo a seguir viviendo.
Si el sol ya no se pone,
sueña y abraza el sueño,
inventa luz necesaria,
respira el amor, el deseo.
¿Puede que el seco dolor
te encierre en esta noche
donde no llega el día,
donde lo oscuro te acoge?
Sí, pero también el alba
despierta ríos caudales,
y el suspiro más hondo
apaga quejas que nacen.
Poeta, aún es temprano,
ahora es el momento
para apretar verdades,
todavía no has muerto.
Ahora, todavía, tú,
eres único testigo
del ir y venir pasando.
Anfitrión de tu destino.
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