Tu silencio me inspira una astucia eterna
tu mirada sincroniza con la vida prometida
en ti tuvo la luz su primer destello
su primera verdad sincera.
En ti clamó el cielo su príncipe
añorado y en ti surgió la ribera
donde las aguas redentoras
aquejaron sus penas.
Atrajiste mis súplicas fervorosas
cánticos alza tu pueblo erigido ante tu sombra
alta sombra que cuelga de tu asfixia.
Te vanagloriamos, Oh, mísero, Oh, desdichado
Oh, sanador, expiaste mis injurias
Oh, piadoso, purgador de nuestras almas,
apaciguaste nuestras manos de caudales
de sangre venidera con la tuya,
calmaste nuestras tempranas existencias,
debilitaste la futura perpetuación
de nuestra precoz inocencia.
Te vanagloriamos, Oh, mísero, Oh, desdichado
Mas no hemos de resentirnos,
no debemos atenazar con rencor
los alientos de nuestros hijos,
bastión contra el prematuro castigo
que nos ha de imponer aquel
que incierto nos redime.
Ante tu cadáver y una soga
Te vanagloriamos, Oh, mísero, Oh, desdichado,
Oh, primera víctima del sacrificio,
Oh, ignorado nacimiento de la culpa,
Oh, fiel acusador de humilde impostura,
has señalado con tu saliva
la virtud de nuestra condena,
tu negligencia necesaria,
causa y fin de nuestro augurio.
Y hoy ante tu cuerpo inútil ya
Te aclamamos, Oh, mísero, Oh, desdichado,
Oh, afligido Iscariote,
Oh, ejecutor del divino cumplimiento
y hoy te oramos por siempre
y hoy el pueblo judío por tu muerte
sufre tu perdón y tu remordimiento.
Juan Manuel Sánchez Meroño
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