ME quieras o no, ¡sé pura para que yo crea
que no es un sueño la pureza en
el mundo! Sí, pura para que lo sepa yo.
¿Qué hallarás más
bello que ser pura? ¡Por ti lo soy, por ti lo seré, por ti
quisiera haberlo sido siempre!
¡Oh, por Dios, no trueques tu azucena en
rosa! Sigue derecha, altiva y blanca,
los ojos como dos cielos de mayo, por la penumbra de tu bosque oculto.
¡Que no deje yo de oler este aroma casto,
de tu blancura virjen! ¡Que él me
mantenga cada día como la aurora de mi pensamiento!
Sé, tierna doncella, el báculo inmaterial
que sostenga, con su débil fortaleza,
toda mi vida en su lento y altivo peregrinar a las estrellas.
Juan Ramón Jiménez (Odas Castas)
(1908-1914)
| *Este texto, borrador inédito de Juan Ramón Jiménez,
aparece en La rosa profunda por cortesía de Dª Carmen Hernández-Pinzón
Moreno, representante de los herederos del Premio Nobel español. Nuestra
gratitud. |