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ANGUSTIA Abre los ojos. Abre los ojos. Mueve un párpado siquiera o abre la mano. Torbellino, torbellino, desgarramiento placentero. ¡No, no quiero! Eleva la mano, un esfuerzo, sólo un poquito, hacia arriba en el cabezal. Pesas como un muerto. Si no lo haces ahora que ya es demasiado tarde... Esfuerzo sobrehumano, tanteando el cable en busca de la luz. Clic. Pero sigues atenazada en el mismo sitio. La bombilla indudablemente está fundida. ¡Abre los ojos! ¡Levántate al menos al pasillo! Ahí seguro que habrá luz, lo menos tres interruptores. No sabes si has abierto los ojos, posiblemente estés ciega. Todo es pesado, tu cuerpo tira hacia la tierra, sin embargo, la liviandad..., la insignificancia de flotar en el espacio sin referentes. Despiertas, pero la angustia. Despiertas pero nadie. Ni ojos, ni manos, ni voz. Eres molécula, átomo oscuro. Y no es tu lugar, y el pánico. Clic. Clic. Clic. Velocidad, torbellino, oscuridad de nuevo. Se han fundido todas las bombillas del mundo: alcoba, pasillo, baño. ¡No puede ser! Esto no puede ser real. Sí, es real. Estoy despierta. Camino. ¿O levito? ¡Luz! ¡Luz! ¿Dónde está la luz? Si es que la luz puede estar. ¿Y adónde ir? Todo es lo mismo, todo es tiniebla. Vacío, vértigo, vorágine, caída. Y el miedo, el pavor, seguro la prefiguración de la muerte. ¡Qué oscura, y leve y muda! Abre los ojos. Abre los ojos. Mueve el dedo meñique siquiera, hacia arriba en la almohada. Furia, furia inabarcable, no más desasimiento. Como un muerto. Todas las bombillas están fundidas. No tiene sentido ir al pasillo. Aunque puedes verte danzando, arrastrando tus miembros colgantes, tu desesperado cuerpo. Despiertas, pero la angustia. Despiertas en un segundo. Clic. Y ojos, y manos y voz. Eres cuerpo, universo de átomos de luz. El corazón vuelve a ser rojo. ¿Has despertado a otro sueño? ¿A un sueño de luz? O, ¿éste es el verdadero? Arenas |