LOS CUATRO ENCUENTROS




¿Que cómo he llegado aquí? Pues verás: yo iba por el Puente de los Peligros cuando vi pasar un camión frigorífico con la inscripción “Congelados Carrasco”, y me acordé de Juan Luis, ¿lo recuerdas? Claro, fuimos juntos a parvulitos y luego estuvimos hasta cuarto de E.G.B. juntos en el colegio, éramos inseparables, hasta se venía a casa o yo me iba a la suya algunos fines de semana, y ya sabes lo mal que lo pasé cuando se fue a vivir a Madrid porque a su padre lo trasladaron, que estuve dos días tan triste que ni fui al colegio, aunque también es cierto que luego yo me olvidé de él y él de mí y seguimos nuestras vidas, pero nos queríamos, joder, a esa edad las amistades eran eternas. Pues al ver el rótulo me acordé de él, y fíjate que al cruzar a la Glorieta veo a un tipo hablando por el móvil vestido de traje y me lo quedo mirando, él se me queda mirando, nos quedamos los dos mirándonos con la boca abierta:

-¡¡¡Paco!!!

-¡¡¡Oooostiaaaa!!! ¡¡¡Juan Luis!!!

Y mira, si es que hasta tiró el móvil y a mí se me cayeron los libros de la mano y nos dimos un abrazo, joder, vaya encuentro, y bueno, allí que nos ponemos a hablar con una confianza que parecía que hacía sólo dos días que no nos veíamos, te puedes imaginar, pero él tenía muchísima prisa, así que nos dimos nuestros teléfonos y quedamos para comer el jueves, o sea, pasado mañana.

Total, que sigo andando más contento que..., bueno, te puedes imaginar, y me dio por recordar aquellos años y a la gente a la que apreciaba y que luego desapareció, y mira, no te lo vas a creer, pero me acordé de Fran, el Cuervo, ¿te acuerdas de él?, pues cágate, que paso la Catedral por los soportales y, joder, allí que me lo encuentro, en la puerta de la zapatería de niños, después de diecinueve años, con sus dos hijos, y claro, yo ya no sabía si es que estaba soñando o qué, porque ya era casualidad que en un mismo día me encontrase a dos amigos de la infancia a los que hacía siglos que no veía.

Con Fran me tomé un café en Platería, diez minutos, le conté lo de Juan Luis y, claro, se quedó también alucinado por la coincidencia.

Total, que sigo hacia la universidad y veo un letrero de una tienda, no me fijé mucho, sólo vi “Giménez”, pero ya, como estaba, me acordé de Pablo Giménez y..., sí, en frente de Diego Marín me encuentro con Pablo, yo ya me esperaba cualquier cosa, después de diez años sin vernos y ahí estamos abrazándonos y echándonos las manos a la cabeza.

Y mira, después de eso yo ya pensé en ti, pero claro, no podía ser que contigo también me encontrase esa mañana, o sea, no podía ser, pero mira por dónde que veo cómo un tipo cruza la calle desde la CAM que hay junto a Diego Marín hacia la acera de la Universidad y me digo que no, que no puede ser, yo seguía hablando con Pablo Giménez pero mirando a ese tipo porque estaba convencido de que eras tú, joder, si es que hasta noté cómo me ardía algo en el estómago de la impresión, así que le digo a Pablo: acho, espera un momento, pero se lo digo en un susurro mínimo, en realidad ni siquiera sé si me oyó, bueno, ni siquiera sé si llegué a decirlo, tenía una sensación extraña, como si estuviese envuelto por una atmósfera irreal, onírica, pero no, aquello era real, o sea, ese tipo que cruzaba la calle eras tú, joder, y salí corriendo para alcanzarte, pero en ese momento pensé que qué coño estaba haciendo, si tú estabas muerto, y entonces noté el impacto, el mismo camión frigorífico de los Congelados Carrasco que había visto en el Puente de los Peligros, y ahí fue cuando me morí, y mira, el tipo aquel no serías tú, pero al final me he encontrado contigo.

Ed. Expunctor

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